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MONITORAS EN EL CAMPAMENTO EL MAZO

Desde hace años se realiza un voluntariado de universitarias asistiendo como monitoras al campamento de niñas de 9 a 11 años.

Este es el testimonio aportado por una universitaria (estudiante de 3º de Medicina), que ha participó como monitora voluntaria en el Campamento El Mazo.

«Suena el despertador, es temprano, estamos preparadas. Nos encontramos en la Finca “El Mazo”, situada en Rada, un pueblecito cerca de Cantabria. ¿Realmente, es necesario salir de la cama? El inicio de la jornada es lo más difícil, punto de cuestión existencial. Sí, merece la pena, llega un buen día cargado de emociones.

Este año hemos sido treinta las monitoras que nos hemos cargado de ganas e ilusión para ir a ayudar en el campamento. Universitarias, de todas las carreras, de diferentes edades, con un objetivo común: hacer que las niñas disfruten, disfrutar, y, por último y no menos importante, formar.

Una semana cargada de actividades, de diversión, de risas, de disfrute, de compañerismo. Comienza el día: tras sobrepasar la fina línea de la decisión entre ir a por el nuevo día o permanecer tumbada un ratín más, llega una de las tareas más difíciles…¡despertar a las niñas! Cada monitora tiene asignado un grupo de siete u ocho niñas de las que se encarga, cuida, forma, habla… y ¡despierta! Es difícil, pero con paciencia y una dosis de buen humor, se suele llegar a buen puerto.

Tras recargar fuerzas con un buen desayuno, comienza un día lleno de vida. Cada grupo tiene repartido una serie de actividades como canoas, tiro con arco, manualidades… Lo organizamos de forma rotacional para que, de esta forma, cada grupo pueda realizar todas las actividades. Y esto no es lo mejor de todo, todo ello lo combinamos con clases de inglés, porque aquí, no sólo hemos venido a divertirnos, ¡también a aprender! Hay un grupo de monitoras encargadas de dar las clases, que preparan con gran ilusión para que las niñas disfruten y también aprendan.

Por las noches, llega uno de los momentos más emocionantes del día: el juego nocturno. Es un juego, que aunque pueda parecer como otro cualquiera, es de gran importancia, puesto que siempre guarda sorpresas y premios para el ganador, lo solemos preparar todas las monitoras. He de confesar que disfrutamos mucho organizándolo… Y nos las intentamos ingeniar para que den lo mejor de sí mismas y caigan rendidas en la cama!

«Ser monitora, es una experiencia que merece la pena. Es un papel importante, aunque pocas veces somos conscientes de ello. Somos el ejemplo de las más pequeñas, que nos ven actuar y funcionar a cada momento y con cada situación… ¡qué bonita responsabilidad! También tenemos la oportunidad de formar, de ayudar a que se diviertan de una forma sana, pensando en el otro antes que en ellas mismas porque, ¿qué mejor forma de reír y compartir que habiendo reído y compartido con el otro? Unos valores dentro de una vida cristiana que tienen muy dentro y que es una alegría descubrir en cada una de ellas. ¡Cuánto tendríamos que aprender de las más peques!»